21 Muertos en atroz atentado en la panamericana: cajibío en luto

Una explosión devastadora en la vía Panamericana, cerca de Cajibío, Cauca, ha reclamado la vida de 21 civiles y dejado a 56 heridos, sumiendo a la región en una profunda conmoción. El ataque, atribuido a estructuras armadas ilegales, es uno de los episodios más violentos registrados en el suroccidente colombiano en años.

Un sábado sangriento que marca el dolor

Un sábado sangriento que marca el dolor

Las autoridades confirman que el balance de víctimas se elevó tras el fallecimiento de dos personas heridas en hospitales locales. La magnitud del ataque ha generado una respuesta inmediata y un luto colectivo, con cientos de ciudadanos vestidos de blanco congregados en Cajibío para rendir homenaje a los difuntos. La escena es, sencillamente, desgarradora.

El Ministro de Defensa, Pedro Sánchez Suárez, calificó el suceso como “un acto de barbarie” y prometió una respuesta contundente. Lo que es innegable es la fragilidad de la paz en estas zonas y la persistencia de la violencia.

La comunidad de La Pedregosa, donde residen 12 de las víctimas, se encuentra en estado de shock. Ángela Puliche, con la voz quebrada, describió el hecho como “atroz” y solicitó que su pueblo no sea víctima de estas guerras. Su padre, conductor de una chiva que viajaba hacia el mercado, lamentó la pérdida de “lo mejor” de su familia.

El ataque, perpetrado el pasado sábado 25 de abril, ha reabierto una herida profunda en el tejido social de Cajibío. La ausencia de uniformados entre los fallecidos refuerza la naturaleza civil de esta tragedia, convirtiéndola en un recordatorio brutal de la vulnerabilidad de la población rural.

Las autoridades han desplegado un amplio operativo de seguridad en la zona, buscando esclarecer los hechos y llevar a los responsables ante la justicia. Sin embargo, la respuesta a esta violencia solo puede ser una estrategia integral que aborde las causas estructurales del conflicto. La necesidad de proteger a las comunidades como Cajibío es ahora más urgente que nunca.

El municipio permanece sumido en el duelo, con banderas blancas ondeando como un lamento colectivo. La demanda es clara: “Que no nos incluyan en estas guerras”. La tragedia, sin duda, deja una cicatriz imborrable en la memoria de la región.