40 Años de sanidad pública: un legado en peligro

El Congreso ha celebrado hoy el 40 aniversario de la Ley General de Sanidad, un hito que, según Francina Armengol, “transformó nuestro país en un lugar mejor” gracias a la figura de Ernest Lluch.

Un pacto que construyó la cohesión

Más que una fecha, es el recuerdo de un esfuerzo titánico. La Ley de 1986 no fue un acto de caridad, sino una estrategia. Ernest Lluch, con una visión que trascendía la mera asistencia, entendió que la salud era el cimiento de una sociedad justa y capaz. No se trataba de un gasto, sino de una inversión en ese concepto tan abstracto como la cohesión social.

La aprobación de esta ley, fruto de interminables negociaciones y pactos, supuso una ruptura con el modelo anterior, un sistema que relegaba la salud a un segundo plano. Se superaron más de 15 borradores, un laberinto de debates y concesiones que culminaron en un consenso, algo que, en política, se considera un lujo.

Más allá de la carta magna de la salud

Más allá de la carta magna de la salud

La Ley de 1986 no fue solo un texto legal, fue la base para una nueva red de atención primaria, la modernización de la salud mental, el impulso a los trasplantes de órganos y la respuesta a la devastadora pandemia del sida. Pero no se detuvo ahí. Se descentralizó la sanidad, transfiriendo competencias a las comunidades autónomas, una medida que, como bien señaló Armengol, “garantiza el acceso universal a la salud”.

Hoy, el sistema púnico se enfrenta a nuevos desafíos: el envejecimiento de la población, la creciente prevalencia de enfermedades crónicas y las presiones económicas. Pero, a pesar de las dificultades, la salud pública sigue siendo un referente internacional, un orgullo para muchos, aunque objeto de constante hostigamiento por parte de quienes prefieren la lógica del mercado. Un sistema que, lejos de ser un regalo, ha sido construido con sudor y lágrimas, con la convicción de que la salud es un derecho, no un privilegio.

La ministra García ha insistido en que la sanidad pública es un “compromiso colectivo”, una defensa que debemos “pelear” con uñas y dientes. Porque, como dijo Lluch, “algo que defender a toda costa, algo que debemos cuidar porque nos va la vida en ello”. Y no se trata de un mero ejercicio de memoria, sino de un llamado a la acción, a garantizar que la sanidad siga siendo un pilar fundamental de nuestro país, un legado que, lejos de desaparecer, debe ser ampliado y fortalecido, no recortado ni mercantilizado. En definitiva, un esfuerzo que no podemos permitirnos abandonar.”n