Asalto y combate en el cauca: la salud, nueva víctima de la violencia
Un equipo médico, compuesto por un doctor rural, una auxiliar de enfermería y un conductor de ambulancia, sufrió un doble golpe de violencia en el sur del Cauca. Lo que comenzó como un traslado de un menor herido tras un atentado, se transformó en una jornada marcada por un robo armado y un enfrentamiento directo con disidentes de las Farc.

Una jornada de terror en la línea del frente
Los hechos, relatados por Blu Radio, exponen la alarmante vulnerabilidad de los profesionales de la salud en zonas de conflicto. La misión, que regresaba de Cali tras atender a la víctima, fue interceptada en el kilómetro 138 de la vía entre Cali y Popayán. Dos hombres armados, con pasamontañas, obligaron al equipo a cambiar de ruta para robar los equipos médicos, un asalto que, según testigos, pudo superar los doce millones de pesos.
“Fueron minutos de zozobra y pánico,” relata uno de los supervivientes. “Nos amenazaron con armas de fuego y nos exigieron abrir la ambulancia.” El robo, además de la pérdida material, plantea serias interrogantes sobre el destino de los equipos sustraídos y su posible utilización en actividades ilícitas.
Pero la pesadilla no terminó ahí. Pocas horas después, mientras el equipo se dirigía a denunciar el robo, se vieron envueltos en un intenso combate entre disidentes de las Farc y la fuerza pública en el sector de El Bordo. La ambulancia quedó atrapada en medio de las balas, sin posibilidad de huida ni refugio. “Solo escuchamos disparos intensos y el sobrevuelo de helicópteros,” afirma otro de los implicados. “No teníamos dónde escondernos.”
La decisión de permanecer dentro del vehículo, en medio del fuego cruzado, resultó ser la única opción. El incidente, más allá de un simple robo, refleja la profunda crisis de seguridad que azota la región y la creciente presencia del conflicto armado en áreas donde se brinda asistencia sanitaria. La directora del Hospital Eduardo Santos de La Unión confirmó que el equipo llegó sano y salvo, a pesar de la gravedad de los dos episodios.
Este caso no solo pone de manifiesto la vulnerabilidad de los profesionales de la salud en territorios complejos, sino que también evidencia la necesidad urgente de garantizar la seguridad de las misiones humanitarias, que se convierten en víctimas potenciales de la violencia y la criminalidad. La situación exige una respuesta contundente y medidas concretas para proteger a quienes, en medio del caos, se dedican a salvar vidas.
