Bolivia levanta restricciones a tarjetas: ¿fin de la pesadilla para viajeros?
La pesadilla para los bolivianos que intentaban pagar con tarjeta en el extranjero podría estar llegando a su fin. El gobierno de Luis Arce ha ordenado la reactivación del uso de tarjetas de crédito y débito para compras internacionales, una medida que se aplicará a partir de mañana, martes, y beneficiará a 2,7 millones de usuarios, según anunció el ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, en una rueda de prensa en la que también asistió el presidente Rodrigo Paz.

Un respiro tras meses de limitaciones
Desde 2024, Bolivia impuso severas restricciones al uso de tarjetas en el exterior, consecuencia directa de la escasez de dólares en el sistema bancario nacional. La situación, que afectó a más de 8 millones de tarjetas en el país, generó frustración entre los ciudadanos, quienes se vieron imposibilitados de realizar pagos en plataformas digitales internacionales, reservar hoteles, pagar servicios educativos o médicos en el extranjero. La imposibilidad de utilizar sus tarjetas en el extranjero se convirtió en una queja recurrente.
La medida ahora implementada busca revertir esta situación, permitiendo a los usuarios utilizar sus tarjetas de crédito sin restricciones, a excepción de los límites individuales de crédito. En el caso de las tarjetas de débito, los bancos deberán habilitar compras de al menos 500 dólares mensuales. El gobierno está utilizando el tipo de cambio referencial, establecido desde diciembre pasado, para calcular las transacciones, una estrategia que, según Espinoza, ha contribuido a reducir la volatilidad del dólar en el mercado interno.
Pero hay un detalle crucial: el tipo de cambio referencial, fijado en 8,96 bolivianos por dólar para la compra y 9,15 para la venta, se distancia considerablemente del tipo de cambio oficial congelado desde 2011, que se mantiene en 6,86 y 6,96 bolivianos respectivamente. Esta brecha, aunque tolerada ahora para facilitar el uso de las tarjetas, plantea interrogantes sobre la sostenibilidad a largo plazo de la política cambiaria boliviana y su impacto en la inflación.
“Estamos devolviendo a la población la posibilidad de utilizar sus tarjetas con normalidad, dentro y fuera del país, bajo un esquema claro, ordenado y sostenible”, declaró Espinoza, minimizando las posibles implicaciones económicas de la medida. La pregunta que queda en el aire es si esta “normalidad” será duradera, o si la escasez de divisas volverá a generar nuevas restricciones en un futuro cercano. La estabilidad económica del país, por ahora, pende de un hilo.