Chile respira, pero la calidad del aire sigue siendo un espejismo

Dos décadas de esfuerzos por mejorar la calidad del aire en Chile muestran resultados tangibles, pero una nueva investigación revela que la promesa de cielos limpios se desvanece en regiones clave, dejando a miles en una situación de vulnerabilidad ambiental. Un análisis exhaustivo, fruto de la colaboración entre la Universidad de Chile, el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), el Ministerio del Medio Ambiente y la Universidad del Desarrollo (UDD), arroja luz sobre las persistentes desigualdades que empañan el progreso.

El sur chileno: leña húmeda, arraigo cultural y un problema crónico

Si bien la reducción de contaminantes como el PM2.5 es un hecho innegable a nivel nacional, el sur del país se aferra a un combustible ancestral que se ha convertido en una bomba de humo: la leña húmeda. Kevin Basoa, del CR2, explica que la dificultad no reside solo en la falta de regulación efectiva, sino en la profunda conexión cultural que existe entre muchas comunidades y el uso de este recurso. La geografía agreste, con su estabilidad atmosférica característica del Pacífico, agrava aún más la situación, impidiendo que los contaminantes se dispersen de manera natural.

Zonas de sacrificio: coronel y talcahuano, un aviso persistente

Zonas de sacrificio: coronel y talcahuano, un aviso persistente

Más al norte, las denominadas “zonas de sacrificio” siguen siendo un motivo de alarma. A pesar de la disminución general de los niveles de SO₂, episodios agudos de contaminación continúan afectando a localidades como Coronel y Talcahuano, demostrando que las soluciones implementadas hasta ahora son insuficientes. El estado del aire en Coronel Norte, tal como se reportó el 6 de abril de 2026, refleja una aparente calma (MP 2,5 a 17 µg∕m3, con un ICAP de 34, MP 10 a 29 µg∕m3 con ICAP 22, SO₂ a 2.62 µg∕m3 con ICAGSO2 y NO₂ a 6.78 ppbv), pero la historia reciente advierte sobre la fragilidad de esta estabilidad.

Un mosaico de restricciones y recomendaciones

Un mosaico de restricciones y recomendaciones

Ante este panorama, las autoridades han implementado una serie de restricciones para mitigar el impacto de la contaminación, que abarcan desde la prohibición del uso de calefactores a leña en la Región Metropolitana hasta la limitación del acceso de vehículos contaminantes a zonas específicas. Pero la clave, según expertos, está en abordar las causas raíz: la dependencia de combustibles fósiles y la falta de acceso a alternativas más limpias y asequibles.

La recomendación general es clara: en días de pre-emergencia y emergencia ambiental, es crucial que los grupos vulnerables –adultos mayores, niños, embarazadas y personas con enfermedades crónicas– utilicen mascarillas. Además, se insta a la población a optar por el transporte público, mantener los vehículos en óptimas condiciones y denunciar cualquier incumplimiento de las medidas establecidas.

En definitiva, la calidad del aire en Chile es un reflejo de las complejidades socioeconómicas y geográficas del país. Mientras que los avances son evidentes, la persistencia de desigualdades exige una acción urgente y coordinada para garantizar un futuro más respirable para todos. La cifra que lo dice todo: más del 40% de la población chilena aún vive en zonas con niveles de contaminación que superan los límites recomendados por la Organización Mundial de la Salud.