Comité europeo de las regiones: un premio para ignorar la polarización

El comité Europeo de las Regiones, ese organismo aparentemente anodino, se lleva el XIX Premio Europeo Carlos V. Un gesto, quizás, para silenciar las voces que cuestionan la hegemonía de las grandes ciudades y la creciente marginalización de las regiones europeas.

Un reconocimiento a la ‘cohesión’ que se vende

La presidenta de la Junta de Extremadura en funciones, María Guardiola, defiende el premio como una reivindicación de la importancia de las regiones. Un discurso elegante, sí, pero que no disimula la realidad: la ‘cohesión’ económica, social y territorial es un eufemismo para mantener el status quo, para evitar que las pequeñas administraciones exijan una mayor voz en las decisiones que afectan a sus ciudadanos.

El comité, compuesto por alcaldes, presidentes autonómicos y responsables locales –gente que, paradójicamente, conoce mejor que nadie las penurias de sus poblaciones– se presenta como un antídoto a la polarización. Pero la polarización no surge de la nada; es producto de políticas que han relegado a las regiones a una posición secundaria, convirtiéndolas en meros receptores de inversiones y subsidios, no en actores relevantes.

Más allá del discurso: ¿verdad en la práctica?

Más allá del discurso: ¿verdad en la práctica?

Es irónico que se otorgue este premio a un organismo que, en teoría, debería defender los intereses de las regiones. La verdad es que, a menudo, se ve eclipsado por los grandes intereses políticos y económicos. La clave reside en la elección de sus miembros: alcaldes y presidentes, sin duda, una representación más cercana a la ciudadanía, pero también más susceptible a las presiones partidistas.

La apuesta por el diálogo, el entendimiento y la cooperación entre