Corea del sur busca petróleo en oriente medio ante la amenaza iraní
Seúl se enfrenta a una crisis energética de primer orden. El gobierno surcoreano ha desplegado a su jefe de Gabinete, Kang Hoon-sik, en una gira urgente por Oriente Medio y Asia Central, una respuesta directa a la creciente tensión con Irán y el potencial bloqueo del estratégico Estrecho de Ormuz.

Una dependencia energética que asusta
La situación es alarmante: Corea del Sur importa alrededor del 70% de su crudo de Oriente Medio, y más del 95% de este volumen transita a través del mencionado estrecho. Ante la posibilidad de una interrupción en el suministro, el país ha elevado su alerta por seguridad energética al nivel 3, el segundo más alto, lo que evidencia la magnitud de la preocupación.
Kang Hoon-sik ha anunciado acuerdos preliminares, incluyendo uno con los Emiratos Árabes Unidos para el suministro de 24 millones de barriles de crudo, una medida que, aunque significativa, apenas araña la superficie de la necesidad. La cifra habla por sí sola: el 54% del nafta, otro combustible vital para la economía surcoreana, también proviene de la región, acentuando la urgencia de diversificar las fuentes de abastecimiento.
Pero hay un detalle que complica aún más el panorama. Mientras Seúl se esfuerza por asegurar rutas alternativas, la administración Trump ha intensificado sus amenazas de ataques a infraestructura civil en Irán si no se alcanza un acuerdo antes del martes, un ultimátum que añade una capa de incertidumbre y volatilidad a la ya tensa situación. La diplomacia se despliega en paralelo a la logística, con planes para enviar cinco buques con bandera surcoreana a Yanbu, en la costa saudí del Mar Rojo, buscando evitar el paso por Ormuz.
La coordinación con navieras y socios internacionales es crucial para garantizar el tránsito seguro de los 26 buques surcoreanos que se encuentran en las cercanías del Estrecho de Ormuz. La apuesta es clara: seguridad energética a toda costa, en un contexto geopolítico que se desmorona a velocidad vertiginosa. La prioridad ahora es evitar que la geopolítica desate una crisis económica en Corea del Sur.
