Crue impulsa la igualdad de género en la investigación universitaria: un paso adelante, pero lejos de ser definitivo

La Conferencia Española de Rectores Universitarios (CRUE) ha dado un nuevo impulso a la igualdad de género en la investigación, aprobando un documento guía que busca integrar la perspectiva de género en todas las etapas: desde la concepción de los proyectos hasta su divulgación. Pero esta iniciativa, aunque positiva, se erige sobre una realidad que aún se resiste a transformarse.

Un documento, pero no una revolución

El acuerdo, fruto de un pleno en la Universidad de Granada con más de medio centenar de expertos, marca un punto de inflexión. Se definen líneas estratégicas – planes de igualdad, protocolos de acoso, metodologías de impacto de género – pero la pregunta que queda en el aire es si estos instrumentos serán más que un ejercicio burocrático. La presidenta del Grupo de Trabajo de CRUE, Concepción López Fernández, insiste en que la universidad debe ser “una institución igualitaria e inclusiva”, una aspiración noble pero que requiere una voluntad real de cambio.

Pedro Mercado, rector de la UGR, subraya la responsabilidad compartida: “La igualdad de oportunidades y la tolerancia cero frente a la discriminación deben ser pilares fundamentales”, pero reconoce que la implementación efectiva depende de cada miembro de la comunidad universitaria. Es un discurso que suena a buenas intenciones, sin una estrategia clara para evitar que estas políticas queden relegadas a un mero cumplimiento formal.

Más allá de las palabras, la acción

Más allá de las palabras, la acción

El documento guía promueve la incorporación de la perspectiva de género en la investigación y la transferencia de conocimiento, pero se echa en falta una mayor inversión en recursos y formación. La brecha de género en la ciencia sigue siendo alarmante, y la universidad, como motor de cambio social, tiene la obligación de abordar este problema de manera decidida. Se habla de “avances significativos”, pero la realidad es que la igualdad efectiva requiere un esfuerzo continuo y una revisión constante de las prácticas existentes. La cifra, por ejemplo, de mujeres que abandonan la carrera científica a mitad de trayecto es un dato que no puede ser ignorado.

La CRUE ha reforzado su compromiso, sí, pero aún queda un largo camino por recorrer. La verdadera medida del éxito no será la aprobación de un documento, sino la transformación real de las universidades en espacios donde la igualdad no sea una excepción, sino la norma. Y eso, francamente, aún no se vislumbra.