Dieta mediterránea: clave para la fertilidad femenina, revela estudio

La ciencia ha confirmado lo que muchas abuelas ya sabían: comer bien puede marcar la diferencia. Un nuevo estudio, fruto de la colaboración entre el Instituto de Agroquímica y Tecnología de los Alimentos (IATA-CSIC) y el Hospital Doctor Peset de Valencia, vincula directamente la dieta mediterránea con una flora vaginal más saludable, lo que a su vez, incrementa las posibilidades de éxito en tratamientos de fertilidad como la inseminación artificial. Un hallazgo que podría revolucionar la forma en que abordamos la infertilidad.

La microbiota vaginal: un ecosistema vital

La microbiota vaginal: un ecosistema vital

Durante años, la importancia de la microbiota vaginal ha sido subestimada. Pero este estudio lo deja claro: un equilibrio microbiano adecuado es crucial para la implantación y el mantenimiento de un embarazo. Las mujeres que lograron concebir a través de tratamientos de fertilidad presentaron una flora vaginal menos diversa, dominada por las bacterias Lactobacillus, conocidas por su papel en el mantenimiento de un entorno íntimo saludable y estable. Sin embargo, en aquellas que no tuvieron éxito, especialmente en aquellas que no seguían una dieta mediterránea, se observó una mayor presencia de bacterias como Gardnerella vaginalis, asociadas a desequilibrios y problemas vaginales.

María del Carmen Collado, investigadora principal del estudio, lo explicaba en un comunicado: “La adopción de patrones dietéticos saludables puede constituir un factor modificable para mejorar el éxito de los tratamientos de fertilidad, al favorecer un equilibrio microbiano más adecuado”. La investigación, publicada en la revista Food & Function, analizó la microbiota vaginal de 104 mujeres entre 18 y 34 años con dificultades para concebir, revelando diferencias significativas en la composición bacteriana entre las que lograron mantener el embarazo y las que sufrieron un aborto.

Pero hay un detalle que no debemos pasar por alto. No se trata solo de la presencia de Lactobacillus. Según Collado, “una menor diversidad microbiana vaginal durante el embarazo, a diferencia de lo que ocurre con la microbiota intestinal, no implica necesariamente un desequilibrio, sino que suele asociarse con un estado de estabilidad y salud”.

Mar Gimeno, especialista en Ginecología y Obstetricia del Hospital Clínico Universitario de Valencia, coautora del trabajo, añade que ciertos micronutrientes abundantes en la dieta mediterránea, como las vitaminas A, C, D y E, el betacaroteno, el calcio o el zinc, parecen ejercer un papel protector frente a la vaginosis bacteriana, el trastorno vaginal más frecuente en mujeres en edad reproductiva.

Los investigadores ahora apuestan por ampliar el tamaño de la muestra y realizar estudios a largo plazo para confirmar estos resultados y poder aplicarlos en la práctica clínica. El camino está abierto para una nueva era en el tratamiento de la infertilidad, una era donde la nutrición juega un papel protagonista.