Dron ucraniano destruye instalación de zaporiyia: rusia acusa de 'atrocidad nuclear'

Un ataque de un dron ucraniano ha devastado el edificio de transportes de la central nuclear de Zaporiyia, provocando la muerte de un empleado ruso y desatando una tormenta diplomática.

La central, en el corazón de la contienda, se convierte en un foco de tensión nuclear.

La central, en el corazón de la contienda, se convierte en un foco de tensión nuclear.

El Gobierno ruso ha condenado con vehemencia el ataque, calificándolo de “atrocidad” y acusando a Kiev de mostrar un desinterés absoluto por la seguridad nuclear. La portavoz del Ministerio de Exteriores, Maria Zajarova, no se ha censurado: ‘Es evidente que Ucrania tiene una visión diferente, dejando claro que no valora la seguridad nuclear’. Y no ha tardado en señalar que las inversiones occidentales, financiadas con préstamos millonarios, parecen estar ‘jaleadas’ por un interés oculto: provocar una crisis.

La cifra que acaba de ser desvelada –90.000 millones de euros concedidos por la Unión Europea– es, según Zajarova, una prueba irrefutable de que ‘se dirigen estas inversiones a donde se les obliga a ir’. La central, la más grande de Europa, se ha convertido en un punto de fricción en las negociaciones de paz, y el ataque agrava aún más la situación. La dirección de la planta ha denunciado la acción del dron, que ha impactado directamente en el edificio de transportes, un elemento crítico para la seguridad de la instalación.

El Organismo Internacional para la Energía Atómica (OIEA) ha reaccionado con cautela, reiterando que los ataques en las inmediaciones de la central son inaceptables y que estudiará lo ocurrido. Pero la presión internacional se cierne sobre el régimen de Kiev. La comunidad internacional, según Zajarova, “debe imponer al régimen de Kiev el duro y merecido castigo”, instando al secretario general del OIEA, Rafael Grossi, a mostrarse “inflexible” ante esta “ilegalidad”. Se espera que la respuesta sea contundente, y que se establezca un mecanismo de control internacional para garantizar la seguridad de la planta.

La tragedia, lejos de ser una mera incidencia técnica, es una señal de alarma. No se trata de una simple disputa territorial; se trata de la amenaza latente de una catástrofe nuclear. Y, como ha resumido Zajarova, “la comunidad internacional debe actuar con determinación para evitar que el desinterés de Kiev conduzca a consecuencias inimaginables.”