El cáncer se alimenta de nervios: ¿una nueva vía para combatirlo?

La lucha contra el cáncer ha recibido un vuelco inesperado gracias a la investigación del patólogo paraguayo Gustavo Ayala, quien sostiene que las células cancerosas obtienen energía clave de los tejidos nerviosos. Un hallazgo que podría redefinir las estrategias terapéuticas y, potencialmente, alterar el curso de la enfermedad.

Un ladrón energético: la invasión perineural

Ayala, profesor de la Universidad de Texas y con 27 años de experiencia en el estudio de la invasión perineural – un proceso conocido desde hace más de un siglo pero hasta ahora poco comprendido – ha descubierto que las células tumorales ‘roban’ mitocondrias, las centrales energéticas de las neuronas. La investigación, publicada en la prestigiosa revista Nature y destacada por Science como uno de los avances científicos más relevantes del año pasado, revela que esta transferencia de mitocondrias dota a las células cancerosas de una energía desproporcionada, convirtiéndolas en auténticos “superatletas” capaces de propagarse a otros tejidos.

“Es como si les diéramos un turbo”, explica Ayala. “Hay una sobrecarga de energía que les da mucha más fuerza y agresividad.” Si bien reconoce que las mutaciones genéticas juegan un papel importante en el desarrollo del cáncer, advierte que el tumor también puede comportarse como un parásito, alimentándose de la energía de los nervios. Esta perspectiva cuestiona el enfoque tradicional, que se centra en atacar directamente las mutaciones y destruir las células malignas.

De la quimioterapia al cuidado del nervio: un cambio de paradigma

De la quimioterapia al cuidado del nervio: un cambio de paradigma

La advertencia de Ayala es clara: “Sin tratar a los nervios, no vamos a poder curar el cáncer”. En lugar de enfocarse únicamente en la destrucción de las células cancerosas, su investigación se dirige a desarrollar terapias específicas para el tejido nervioso. No se trata, necesariamente, de una cura definitiva, sino de evitar la metástasis y permitir a los pacientes vivir con una “enfermedad crónica”.

El equipo de Ayala está analizando fármacos capaces de interrumpir la absorción de energía por parte de las células cancerosas y buscando formas de mejorar la eficacia de la quimioterapia y la radioterapia. “Creo que estas terapias dirigidas a los nervios van a volver la quimio y la radio mucho más eficientes”, afirma, anticipando el uso de nanodrogas que puedan llegar a todas las células cancerosas a través de los tejidos nerviosos.

Pero hay un detalle preocupante: la radioterapia, aunque efectiva, también estimula el crecimiento de los nervios, facilitando la propagación del cáncer. Por ello, Ayala y sus colegas están investigando el uso del bótox como terapia neoadyuvante, es decir, administrada antes del tratamiento principal, para “acallar a los nervios” y potenciar la efectividad de la radioterapia. Este compromiso personal, impulsado por el diagnóstico de cáncer de su hija, impulsa su búsqueda de soluciones.

Aunque los estudios clínicos a gran escala aún están lejos, Ayala se muestra optimista. “Estamos en buen camino, el entendimiento siempre es importante, pero el desarrollo de terapias es un proceso que es muy difícil de acelerar.” La investigación, que comenzó en la Universidad Nacional de Asunción y continuó en Georgetown y Yale, representa un cambio de paradigma en la lucha contra el cáncer: un enfoque que, en lugar de atacar el tumor directamente, busca debilitar su fuente de energía. La batalla, sin duda, está lejos de terminar, pero la luz de la esperanza, ahora, brilla con una nueva intensidad.