El combustible estrangula a méxico: transportistas al borde del colapso

El alza implacable del diésel amenaza con paralizar la economía mexicana. Según advierte Augusto Ramos Melo, presidente de la Cámara Nacional del Autotransporte de Carga (Canacar), cada fluctuación de un peso en el precio del combustible se traduce en un 4% de incremento en los fletes, un golpe directo a la cadena de suministro y, por ende, a los bolsillos de los consumidores.

La factura oculta en cada producto

No se trata solo de un problema para los transportistas, sino de una crisis sistémica. Ramos Melo subraya que el autotransporte es el motor que mueve mercancías para prácticamente todos los sectores productivos del país. Desde la comida que llega a tu mesa hasta los materiales de construcción, pasando por los insumos industriales, el combustible es el lubricante invisible que permite su traslado. La cifra habla por sí sola: el 97% de las 215,000 empresas del autotransporte son micro y pequeñas, con menos de 30 vehículos. Para ellas, una subida en el diésel es una sentencia.

Pero hay un detalle que pocos analizan: el impacto se extiende más allá del diésel. Llantas, refacciones, incluso componentes esenciales para la maquinaria industrial, derivan de ese mismo insumo. Es un efecto dominó que amplifica la presión sobre los costos y, en última instancia, sobre los precios finales.

El parche del gobierno: ¿suficiente?

El parche del gobierno: ¿suficiente?

La Secretaría de Hacienda ha intentado mitigar el impacto con la suspensión temporal del 81% del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), una medida que, según Ramos Melo, “ayuda mucho”. Sin embargo, la situación global, marcada por el conflicto en Oriente Medio y las tensiones comerciales en el Estrecho de Ormuz, mantiene la volatilidad en los mercados internacionales. Según datos de la plataforma ActivTrader, el precio del diésel se ha disparado más de 120% desde diciembre de 2023.

Canacar mantiene un diálogo “abierto y permanente” con el gobierno, buscando mecanismos para amortiguar aún más las subidas. Se han celebrado tres reuniones en las últimas semanas, y la coordinación con gasolineros y Petróleos Mexicanos (Pemex) ha sido fundamental para evitar un desplome aún mayor de los precios. No obstante, la fijación de tarifas, como aclara el líder empresarial, es una decisión que corresponde a cada empresa transportista.

El sector, compuesto mayoritariamente por pequeñas empresas, se enfrenta a una encrucijada: absorber los costos, trasladarlos a los consumidores o, lo que es más probable, reducir sus márgenes de ganancia. La situación actual pone de manifiesto la fragilidad de la cadena de suministro mexicana y la necesidad de políticas públicas que protejan tanto a los transportistas como a los consumidores.

Si bien el gobierno ha logrado contener la escalada de precios hasta ahora, la dependencia del mercado internacional y la imprevisibilidad de los eventos geopolíticos siguen siendo una amenaza latente. La estabilidad económica del país pende de un hilo, un hilo que, por ahora, se aferra a la esperanza de que la calma regrese a Oriente Medio y los precios del petróleo se estabilicen.