El entierro, un lujo inasequible: china regula un sector descontrolado
En medio de las celebraciones del Qingming, festividad china de homenaje a los ancestros, una sombra se cierne sobre millones de familias: el creciente coste de los funerales. Lo que antes era un ritual sagrado se ha transformado en una carga económica insostenible, impulsada por la especulación inmobiliaria y la falta de transparencia en un sector que ahora el gobierno chino intenta controlar con urgencia.
La escalada de precios: tumbas que cuestan una fortuna
En las grandes ciudades, el precio de una tumba puede superar los 100.000 yuanes (más de 14.500 dólares), una cifra astronómica para muchos hogares. En ciudades como Shanghái o Shenzhen, los precios rozan los 200.000 yuanes (casi 29.000 dólares), y la propiedad del terreno se limita a un periodo de 20 años, con tasas de mantenimiento que se suman a la factura final. Esta situación ha generado un profundo malestar social, alimentado por la opacidad en la descripción de los servicios y la dificultad para comparar precios en un momento de duelo.
El profesor Xie Zhiyong, de la Universidad de Ciencias Políticas y Derecho de China, ha señalado que las nuevas medidas buscan “reducir el carácter financiero del sector funerario” y garantizar que “un lugar de descanso digno deje de ser un lujo”. La revisión del Reglamento de Gestión Funeraria, aprobada en marzo, establece límites al tamaño de las tumbas, prohibiendo construcciones excesivas y buscando unificar las condiciones de acceso.

La solución improvisada: 'casas de cenizas' y conflictos vecinales
Ante la imposibilidad de afrontar el coste de una tumba tradicional, ha surgido una solución improvisada y controvertida: las llamadas 'casas de cenizas'. Se trata de viviendas adquiridas no para vivir en ellas, sino para depositar urnas funerarias y realizar rituales conmemorativos. Este fenómeno, detectado en varias ciudades, responde a la diferencia de precio entre una tumba y una vivienda, así como a la mayor duración de los derechos de uso de estas últimas, que pueden alcanzar los 70 años frente a los periodos limitados de los cementerios. Pero esta práctica ha desatado conflictos vecinales: los residentes denuncian el impacto psicológico, la posible devaluación de los inmuebles y el uso irregular de espacios destinados a la vida cotidiana.
Expertos legales advierten de que este uso puede vulnerar principios del derecho civil, y las autoridades reconocen las dificultades para supervisar un fenómeno que a menudo no se declara abiertamente. La nueva normativa funeraria, precisamente, ha prohibido expresamente el uso de viviendas para almacenar cenizas, intentando frenar esta tendencia.
Un giro hacia la sostenibilidad: entierros marinos y ecológicos
Consciente de la necesidad de un cambio de modelo, China está impulsando los llamados entierros ecológicos, que incluyen el esparcimiento en el mar, el enterramiento bajo árboles o en césped, a menudo subvencionados o gratuitos. En 2025 se registraron más de 50.000 entierros marítimos, un aumento del 170% respecto a 2020. Sin embargo, estos entierros aún representan solo alrededor del 4% del total, reflejando la persistencia de las prácticas tradicionales en una sociedad donde el culto a los ancestros mantiene un peso relevante.
Para garantizar una mayor transparencia y evitar prácticas abusivas, la nueva normativa exige detallar claramente los precios de cada servicio, prohíbe cargos fuera de las listas oficiales y limita la externalización de morgues por parte de hospitales. El gobierno chino ha reforzado el control sobre el sector, buscando convertir el entierro en un servicio público accesible, donde el respeto a los difuntos no dependa de la capacidad económica de las familias. La cifra habla por sí sola: más de 11.000 empresas vinculadas a cementerios operan en China, pero el ritmo de nuevas inscripciones se ha ralentizado drásticamente, señal de un cambio cultural en ciernes.