El secreto apícola de la península: descubren lagares centenarios al borde de la extinción
En lo profundo del noroeste peninsular, donde la tradición apícola se entrelaza con la historia rural, un equipo de investigadores ha rescatado del olvido la memoria de catorce lagares de prensa de cera de abeja. Estas estructuras, casi invisibles hoy en día, nos hablan de un pasado donde la producción de cera era un motor económico vital para las familias de la región, un legado único en Europa que, sin embargo, pende de un hilo.

Un viaje a las raíces de la apicultura
La investigación, liderada por Damián Copena y María A. Ferreira de la Universidad de Santiago de Compostela, junto con el ingeniero Diego Copena, ha desenterrado los restos de estos lagares tras una década de arduo trabajo de campo. Desde Galicia hasta Castilla y León, pasando por Asturias y el norte de Portugal, los investigadores han rastreado zonas rurales, documentando seis lagares en Galicia, cinco en Castilla y León, uno en Asturias y dos en Portugal. El hallazgo no es solo un inventario, sino una ventana a un ecosistema económico y social que se ha ido desvaneciendo con el tiempo.
En Castilla y León, la comarca zamorana de Sanabria y Carballeda emerge como un enclave clave, albergando cuatro lagares de gran tamaño. El lagar de Robledo, en Puebla de Sanabria, ahora restaurado y abierto al público gracias a la iniciativa del Parque Natural del Lago de Sanabria, es un ejemplo de cómo la historia puede resurgir. Pero no todo es optimismo: en Cional, Zamora, donde en el siglo XIX se contaban hasta cinco lagares, la situación es alarmante. Ninguno permanece en su ubicación original, y solo un ejemplar ha sobrevivido, trasladado al Museo de la Miel de Lanjarón, en Granada.
El lagar de prensa de viga, una máquina del tiempo
Estas infraestructuras, que datan de una época anterior a las colmenas móviles, eran verdaderas obras de ingeniería. Construcciones imponentes con vigas de hasta ocho metros de longitud, calderas, sistemas de decantación en pilas de piedra y espacios de enfriamiento para obtener bloques de cera. Además, los investigadores han documentado blanqueadores de cera, construcciones al aire libre con losas de piedra que permitían aumentar el valor comercial del producto final. La singularidad de estos lagares radica en su ausencia fuera de la península ibérica, lo que subraya su excepcionalidad cultural y patrimonial.
Pero la realidad es sombría: una parte significativa de los lagares identificados se encuentra en estado de abandono, amenazados por el deterioro natural y el saqueo de sus piedras para otras construcciones. Aunque existen iniciativas de conservación, como la recuperación del lagar de Felgueiras en Portugal o las rutas interpretativas en Pontevedra, la situación exige una respuesta urgente.
“La desaparición de estos lagares supondría la pérdida de uno de los patrimonios rurales más singulares del sur de Europa”, advierten los investigadores. La urgencia es clara: se necesita un inventario completo, medidas de protección administrativas y la colaboración de universidades y asociaciones apícolas para evitar que este legado se pierda para siempre. La clave reside en entender que preservar estos lagares no es solo conservar piedras, sino salvaguardar una forma de vida y una conexión ancestral con la naturaleza.
Mientras tanto, el lagar de Sagallos, en Manzanal de Arriba (Zamora), sigue funcionando, adaptando la tecnología tradicional a los procesos modernos, un testimonio vivo de que el pasado puede coexistir con el presente, siempre y cuando se le brinde la atención y el respeto que merece. La miel, más allá de su sabor, esconde una historia que merece ser contada y, sobre todo, protegida.