Empleo joven: la reforma laboral, un fracaso en la estabilidad
Un estudio de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) revela que la reforma laboral de 2021, diseñada para impulsar la estabilidad del empleo, ha fallado estrepitosamente en mejorar la situación de los jóvenes que entran al mercado laboral.
La promesa vs. la realidad: contratos que duran pocos días
Si bien la reforma transformó el tipo de contrato con el que los jóvenes acceden al empleo, la realidad es que la estabilidad efectiva no ha seguido el mismo camino. Los contratos indefinidos ordinarios, tras la modificación, duran en promedio 100 días menos que los firmados antes de la reforma, y la mayoría – cuatro de cada diez – no superan el año de duración.
El análisis, basado en datos de la MCVL de la Seguridad Social, arroja una imagen desalentadora: 177.541 jóvenes, entre 2014 y 2023, evidencian una trayectoria laboral marcada por la precariedad.
La reforma, impulsada por el Real Decreto-Ley 32/2021, eliminó el contrato de obra y servicio y redujo las modalidades temporales a dos: el por circunstancias de producción y el de sustitución. Introdujo una penalización para contratos de menos de 30 días e impulsó el fijo-discontinuo. Pero la promesa de una mayor estabilidad se ha diluido en una nueva forma de temporalidad.

La paradoja de los contratos: más fijos, menos seguridad
Santiago Carbó, catedrático de Economía en CUNEF, señala un dato contundente: el sueldo de los jóvenes es inferior a las pensiones que recibirán los jubilados. El estudio de Fedea confirma esta disparidad, mostrando un aumento en el porcentaje de jóvenes que comienzan su vida laboral con un contrato indefinido ordinario (del 13% al 33%), complementado por un 50% en contratos fijos-discontinuos. La brecha geográfica entre provincias, antes de 7,3 puntos porcentuales, se redujo en un 87%, prácticamente eliminando las diferencias en el acceso a un primer empleo estable.
Sin embargo, la mejora formal del contrato no se traduce en una mejora proporcional en la estabilidad real. La duración media de los contratos indefinidos ordinarios se ha reducido en aproximadamente 100 días, y la tasa de supervivencia a los 12 meses ha descendido del 75% al 60%. Una caída de 15 puntos porcentuales que, según los autores, se debe a un aumento en la velocidad de las separaciones, no a un cambio en sus causas.
La reforma, en lugar de romper el ciclo de la temporalidad, lo ha perpetuado. Las empresas, obligadas a ofrecer contratos indefinidos para cubrir puestos que antes eran temporales, optan por la inestabilidad, generando un emparejamiento de menor calidad. Además, el derecho a prestación por desempleo para trabajadores temporales que finalizan su contrato incentiva la renuncia voluntaria a un indefinido, evitando la desprotección. Una estrategia que, en última instancia, refuerza la precariedad y la desigualdad.
En definitiva, la reforma laboral ha sido un espejismo para los jóvenes que buscan una entrada estable y digna al mercado laboral.
