Farhadi clama: la infraestructura iraní, un blanco de guerra
Asghar Farhadi, el laureado cineasta iraní, ha lanzado un ultimátum a la comunidad artística mundial. Ante la escalada de violencia que azota a su país, el director de ‘Nader y Simin’ y ‘El viajante’ exige una respuesta contundente: alzar la voz contra lo que denuncia como un crimen de guerra.

Un ataque a la dignidad humana, no solo a edificios
En un comunicado breve pero elocuente, Farhadi, radicado en París desde 2023, condena los ataques de Estados Unidos e Israel contra infraestructuras civiles iraníes. No se trata, subraya, de simples daños materiales. “La destrucción de la infraestructura no se limita a la destrucción de edificios. Es un ataque contra la vida y la dignidad humanas”, afirma con una contundencia que resuena más allá de los límites del cine.
La declaración del cineasta se produce en un momento de máxima tensión, coincidiendo con el ultimátum lanzado por el presidente estadounidense, Donald Trump, para forzar la reapertura del Estrecho de Ormuz. Una amenaza desmesurada, que, según Trump, podría significar la destrucción de una civilización entera. Rememborando su anterior boicot a la ceremonia de los Oscar en 2017, en protesta por las políticas migratorias de la administración Trump, Farhadi presenta un historial de compromiso con sus valores.
Pero hay un detalle que complejiza el panorama: la relación de Farhadi con el régimen iraní siempre ha sido tensa, un hecho que se agravó tras las protestas desatadas tras la muerte de Mahsa Amini en 2022, lo que llevó al cineasta a abandonar su país. Su voz, ahora, resuena con una fuerza particular, desprovista de la ambigüedad que a menudo rodea a figuras públicas en Irán.
Farhadi es categórico: atacar la infraestructura de un país es un crimen de guerra, independientemente de las creencias o actitudes. Y, en un llamado a la unidad, insta a la comunidad internacional a detener este proceso “inhumano, ilegal y destructivo”.
La cifra habla por sí sola: el coste humano de esta escalada de violencia es incalculable. Y mientras la diplomacia se tambalea, la voz de un artista, un contador de historias, se levanta para denunciar la barbarie.