Infancia en perú: vacunas, anemia y salud mental en alerta
En un Complejo Hospitalario abarrotado, la imagen es elocuente: largas filas, rostros expectantes, un reflejo del sistema de salud peruano en tensión. El Día Mundial de la Salud, lejos de celebraciones, arroja una luz implacable sobre las carencias que siguen afectando a la infancia en Perú, una generación que, a pesar de promesas y discursos, se enfrenta a desafíos estructurales que amenazan su desarrollo.
Vacunación rezagada: un riesgo palpable
La Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES 2024) revela un dato alarmante: solo el 65% de los niños menores de tres años completan su esquema de vacunación. Estamos a años luz del 95% recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). No se trata solo de estadísticas frías; es la salud de miles de niños en juego, vulnerables a enfermedades prevenibles que podrían evitarse con una simple vacuna.

Anemia y desnutrición: un círculo vicioso
Pero la falta de vacunación es solo la punta del iceberg. El 43,7% de los niños de entre 6 y 35 meses padece anemia, un indicador de la mala alimentación y la falta de acceso a nutrientes esenciales. La desnutrición crónica, flagelo silencioso, afecta al 12,1% de los menores de cinco años, una cifra que se duplica en las zonas rurales, donde la pobreza y la falta de infraestructura limitan las oportunidades de desarrollo.
Lo que nadie cuenta es que la falta de acceso a agua potable clorada – solo un 4,7% en zonas rurales – agrava aún más la situación, exponiendo a los niños a enfermedades transmitidas por el agua y comprometiendo su salud a largo plazo.

Salud mental en crisis: un grito de auxilio silenciado
La tragedia se extiende a la salud mental. Los intentos de suicidio entre jóvenes han escalado de forma dramática, pasando de 672 casos en 2020 a 4.794 en 2025. Un 26% de estos episodios involucran a menores de edad, un indicador escalofriante de la angustia y la desesperación que se viven entre los más jóvenes. Es la consecuencia de un sistema que ha fallado en priorizar el bienestar emocional de nuestros niños y adolescentes.
¿Niñez en los planes de gobierno? una promesa vacía
De cara a las elecciones generales de 2026, todos los planes de gobierno, al menos en apariencia, incluyen la niñez como prioridad. UNICEF ha identificado que el 100% de los programas incorporan al menos una medida relacionada con la infancia. Pero la realidad es más compleja: solo un 22% contempla estrategias para la salud mental y un magro 19% aborda el embarazo adolescente. La discapacidad, un tema crucial, es relegado a un segundo plano, con políticas que apenas considera el 11% de los planes. La hoja de ruta de UNICEF, con sus “5 prioridades por un Perú mejor para la Infancia”, es un llamado urgente a la acción, pero queda por ver si los políticos están dispuestos a convertir estas palabras en hechos concretos.
Mientras tanto, la protesta de los pacientes en EsSalud, con su logo desdibujado y la falta de citas y medicinas, es un símbolo de la crisis que afecta al sistema de salud peruano. La implementación de programas de educación sexual y consejería, la ampliación del control de crecimiento y desarrollo infantil, y la provisión de agua segura en escuelas son pasos importantes, pero insuficientes. La persistencia de estas brechas exige una respuesta integral, con políticas públicas sostenidas en el tiempo y un enfoque territorial que priorice las necesidades de las comunidades más vulnerables. La salud de nuestra infancia es el reflejo de nuestra responsabilidad como sociedad: no podemos permitir que sigan siendo invisibles.