Irán amenaza con 'golpes más duros' tras asesinato de un jefe de inteligencia
Teherán endurece su retórica ante Washington e Israel tras la muerte de Majid Jademi, un alto cargo de la Guardia Revolucionaria iraní, en un ataque que agrava las tensiones en una región al borde del abismo. La escalada de amenazas, pronunciada desde el Parlamento iraní, podría complicar aún más las ya frágiles negociaciones para el restablecimiento del acuerdo nuclear.

El asesinato como arma en un tablero de ajedrez
Según Mohamad Baqer Qalibaf, presidente del Parlamento iraní, el ataque contra Jademi es una muestra de la “arrogancia” de Estados Unidos e Israel, que recurren a “asesinatos cobardes” para compensar sus debilidades en el campo de batalla. La línea dura de Qalibaf refleja la postura de un gobierno iraní acorralado, que se enfrenta a un ultimátum estadounidense para retomar las negociaciones. La cifra de muertos en el país desde el inicio de la ofensiva el pasado 28 de febrero – más de 2.000, según fuentes occidentales – presiona a Teherán a buscar una respuesta contundente.
Pero hay un detalle que complica el panorama: la amenaza explícita del viceministro de Exteriores iraní, Kazem Gharibabadi, de que cualquier ataque contra infraestructuras civiles – como centrales eléctricas y desalinizadoras – “no se limitará a Irán”. Un aviso directo de represalias que podría desatar una espiral de violencia impredecible en Oriente Medio. La advertencia es particularmente preocupante en un momento en el que el presidente estadounidense, Donald Trump, ha amenazado con una respuesta devastadora si Irán no cede en sus demandas.
El Estrecho de Ormuz, un punto crítico. El control sobre este paso estratégico para el comercio global de petróleo se ha convertido en el eje central del conflicto. Si bien las negociaciones parecen estancadas, la reciente escalada de tensión, con un asesinato de alto rango como detonante, presagia un futuro incierto para la región y sus efectos se extenderán, inevitablemente, a los mercados energéticos internacionales. La decisión de Trump de ampliar el abanico de objetivos militares a infraestructuras civiles, como desalinizadoras, podría ser una jugada arriesgada con consecuencias devastadoras para la población civil, cambiando las reglas del juego en la zona.
La ironía es palpable: mientras Washington exige a Teherán que cierre el Estrecho de Ormuz para garantizar el flujo de petróleo, Irán amenaza con hacerlo. La tensión se corta con cuchillo, y la diplomacia, por ahora, parece una quimera.