Maestre: el fascismo no se justifica, solo se comprende
Antonio Maestre, periodista y escritor, ha lanzado su nuevo libro, ‘Me crie como un fascista’, una obra visceral que desmantela la racionalización del extremismo de derecha. Un análisis profundo de las emociones que alimentan el auge de ideas peligrosas, lejos de la simplificación de causas socioeconómicas.

Un ensayo para despertar la empatía
La presentación del libro en Sant Jordi fue un éxito, pero Maestre no se detiene en elogios. Su obra no busca justificar, sino confrontar. “No entro mucho en la cuestión semántica”, explica, “lo que vengo a decir son cuáles son las bases emocionales del fascismo y cómo si pensamos a través de las emociones, que tienen mucho peso en la política actual, como definiríamos a una persona fascista es a través de actitudes como el sometimiento, la humillación, la exclusión del diferente, la violencia, la agresión, la burla.”
El autor, con una formación sólida en la Universidad Pompeu Fabra y experiencia en Mundo Deportivo, describe cómo la radicalización actual se nutre de un miedo visceral, de una necesidad de reafirmación que se manifiesta en la negación de la diferencia y en la exaltación de la propia identidad.
“El momento actual no se explica tanto desde un momento de crisis socioeconómica, porque hemos vivido por ejemplo después de 2007 uno más importante y ahí no se vio ese auge reaccionario, con la virulencia con la que estamos ahora”, señala. “Empecé a pensar en las emociones, en cómo influían en este momento actual, y me di cuenta de que hay muchas ancladas en la socialización masculina que eran las que mejor engrasaban este momento para que muchos hombres, que son sobre todo los que más se van a la extrema derecha a nivel estadístico, se vieran seducidos por esas ideas.”
Maestre relata su propia experiencia, marcada por la depresión durante la escritura del libro, pero también por una necesidad imperiosa de dar voz a ese conflicto interno. “Puede que íntimamente lo necesitara,” confiesa. “Pensé que era la mejor manera de contar todo aquello que creía que debía contarse.”
La propuesta del autor es clara: el primer combate contra el fascismo debe librarse en el círculo más íntimo, en el entorno familiar y de amistad. “Cuando hablamos de por qué ahora hay una preeminencia en el discurso público de ciertos mensajes más racistas o machistas, lo que ocurre con esos mensajes es que se han visto legitimados. Antes estaban soterrados, muy interiorizados. Todos hemos vivido momentos en los que alguien hace algún comentario machista o racista, y la mayoría de las veces lo que se suele hacer es eludir el conflicto, callarse, dejar que eso pase.”
“Creo que una de las soluciones, que no suelo aportar muchas porque considero que es demasiado complejo, es hacer ese combate íntimo y cotidiano de no callarse cuando escuchas un comentario racista, machista o deshumanizante, que hagas ver que eso contigo delante no se va a decir, que eso contigo delante no se va a hacer y que si lo haces, va a haber un conflicto.”
Maestre, lejos de ofrecer soluciones fáciles, enfatiza la complejidad del fenómeno. “No creo que haya una única respuesta. Es muy reduccionista y no funciona en ningún caso. Pero creo que el momento actual no se explica tanto desde un momento de crisis socioeconómica, porque hemos vivido por ejemplo después de 2007 uno más importante y ahí no se vio ese auge reaccionario, con la virulencia con la que estamos ahora.
El periodista recuerda que la izquierda, en ocasiones, ha cometido el error de intentar encasillar y juzgar a aquellos que se sienten excluidos por su propia incapacidad para comprender la perspectiva de los demás. “No comparto el tutelaje de las decisiones libres de los adultos. Es decir, yo en el libro intento comprender por qué suceden esos procesos, pero no lo justifico en ningún caso.”
En definitiva, ‘Me crie como un fascista’ es un llamado a la reflexión, una invitación a confrontar las emociones que nos impulsan a abrazar ideas peligrosas y a abandonar la cómoda evasión. Un libro que no busca dar respuestas, sino sembrar la semilla del debate y la empatía. El autor concluye: “La política es conflicto y si nosotros nos pensamos que rehuyéndolo no gana espacio, nos estamos equivocando.”
