Menos papeleo, más competencia: el nuevo rostro del comercio exterior

La importación en Argentina se ha transformado radicalmente, según Martín Ligori, despachante de aduana con años de experiencia. Atrás quedaron los trámites engorrosos y las esperas interminables; ahora, la agilidad es la norma, lo que se traduce en una mayor competencia y, potencialmente, precios más bajos para el consumidor final.

La burocracia, un viejo enemigo derrotado

Ligori, de Movant Connection, describe un cambio sustancial en los procesos aduaneros. “Antes era una tortura; hoy, es mucho más sencillo,” afirma. La presentación previa de importaciones, las transferencias al exterior y las certificaciones, antes un laberinto de requisitos anticipados, se han simplificado considerablemente. El control de la documentación se realiza post-libramiento, lo que elimina la necesidad de meses de anticipación para obtener ciertos certificados.

Un ejemplo concreto lo encontramos en la importación de juguetes. Anteriormente, el control de laboratorio requería una planificación meticulosa y anticipada; ahora, el proceso es mucho más rápido y eficiente. La misma agilidad se observa en la importación de electrodomésticos como heladeras y aires acondicionados, donde la presentación de la factura puede realizarse con tan solo un día de anticipación al arribo del embarque.

¿Más importaciones, menos precios?

¿Más importaciones, menos precios?

La apertura del mercado, según Ligori, ha generado una mayor competencia entre los importadores. “Antes era ‘yo lo puedo traer y vos no’,” explica. “Ahora, todos tienen la oportunidad, y eso es positivo.” Si bien algunos clientes señalan que esta mayor competencia dificulta la obtención de ganancias, Ligori enfatiza la importancia de la adaptación y la innovación. “El que se adapta rápido y trabaja con inteligencia tiene mucho para ganar.” La lógica es simple: más importaciones, más competencia, más oferta y, en última instancia, un menor costo para el consumidor.

El despachante: un enlace indispensable

El despachante: un enlace indispensable

Pero, ¿cuál es el papel del despachante de aduana en este nuevo escenario? Ligori lo describe como un coordinador esencial en la cadena logística. El despachante es el punto de contacto entre el importador, la línea marítima, las terminales, los transportistas y los depósitos fiscales. Su conocimiento técnico y legal es crucial para asegurar que una operación internacional se complete con éxito. “Conozco la composición de un juguete, cómo funciona una máquina, de qué está hecho un plato,” asegura Ligori, subrayando la necesidad de una constante actualización sobre el Código Aduanero y las regulaciones cambiantes.

La desaparición de la figura del despachante, según Ligori, sería un golpe significativo al comercio exterior. “Es como un abogado entre la Aduana y el importador o exportador; debe haber un intermediario con conocimientos que lleve adelante esa gestión.” Un sistema donde cada actor intentara encargarse de todo sería, en su opinión, ineficiente y propenso a errores.

La agilización de los trámites aduaneros, lejos de ser una simple formalidad, representa una oportunidad para impulsar el crecimiento económico y mejorar la competitividad de las empresas argentinas. La clave está en adaptarse a la nueva realidad y aprovechar las ventajas que ofrece un mercado más abierto y dinámico.

La cifra habla por sí sola: según datos del Ministerio de Economía, las importaciones argentinas aumentaron un 15% en el último trimestre, un claro indicativo de la transformación en curso.