Modelo sin futuro: el acv le arrebató la carrera y la esperanza
Manuela Lori, otrora rostro habitual en publicidad gráfica y televisiva, se enfrenta ahora a un nuevo desafío: reconstruir una vida después de un devastador accidente cerebrovascular. A sus 34 años, su trayectoria como modelo se truncó abruptamente, dejando tras de sí un camino lleno de rechazos y una profunda sensación de desarraigo.
Una vida en flashes, ahora en sombras
Durante quince años, Manuela se destacó en el competitivo mundo del modelaje, superando las barreras impuestas por su estatura de 1,70 metros, una desventaja en la alta costura. Su persistencia, basada en castings constantes y un rostro expresivo, le abrió puertas en agencias comerciales, aunque lejos de las más prestigiosas. Sin embargo, la vida dio un giro inesperado cuando, a los 30 años, un ACV la dejó sin el uso de un brazo y con pérdida de visión en la mitad izquierda de sus campos visuales.
La rapidez con la que llegó la enfermedad fue desconcertante. “No sentí nada, de repente me mareé, la visión se nubló y un dolor de cabeza punzante me paralizó. En cuestión de segundos, perdí el control de mi brazo izquierdo y una parte de mi visión”, relata Manuela, con una crudeza que dificulta ocultar el dolor.
La espera ante la atención médica fue una tortura. La ambulancia tardó dos horas en llegar y, posteriormente, hubo demoras adicionales. La rehabilitación en el Instituto FLENI fue un proceso arduo que le llevó tres meses, marcando el inicio de un largo camino de recuperación.

De la psicología al modelaje: una nueva identidad
A pesar de las secuelas físicas, Manuela no se rindió. Con la determinación de quien ha perdido todo, decidió retomar sus estudios, matriculándose en Psicología en la Universidad de Buenos Aires mientras continuaba con la terapia. Esta nueva etapa le brindó un nuevo propósito y una perspectiva diferente sobre su vida. Actualmente, trabaja como psicóloga, atendiendo pacientes y persiguiendo su sueño de volver a modelar, aunque ahora con una nueva conciencia y una profunda admiración por la vida.
El regreso al modelaje no fue fácil. Los castings, que antes eran una rutina, se convirtieron en un recordatorio constante de las limitaciones impuestas por su condición. “La verdad, no me eligen tanto como antes. Es difícil para ellos imaginarme en un trabajo que requiere una gran movilidad y un cuerpo en perfecto estado,” confiesa Manuela, con una mezcla de frustración y esperanza. A pesar de esto, sigue persiguiendo su sueño, convencida de que con esfuerzo y determinación, podrá volver a brillar en el mundo de la moda.
“Mi objetivo es demostrar que, a pesar de mis limitaciones, sigo siendo una modelo,” afirma Manuela con convicción. “Quiero que la gente vea que la belleza no se define solo por la apariencia física, sino por la fuerza de voluntad y la resiliencia.”
