Ni una menos: la indignación femenina despliega una nueva ola de tensión política
Las calles se inundaron de mujeres, un torrente de indignación que reaviva un debate polarizado. La reciente violencia contra Chiara Páez y Agostina Vega, dos femicidios en tan solo un año, son el detonante de una nueva marcha de ‘Ni Una Menos’, evidenciando una brecha insalvable en la protección de las víctimas.
La sombra de la invisibilidad: un dolor que se niega a callarse
Hace apenas unos años, la consigna resonaba con fuerza. Hoy, ‘Ni Una Menos’ se ve eclipsada por estrategias políticas y desinformación. Sectores ultraizquierdos, con cinismo, intentan desvirtuar las demandas sociales, atribuyendo la violencia a “reclamos políticos” o “privilegios corporativos”. Un desprecio flagrante por la realidad, un intento de silenciar el grito de las víctimas.
El Gobierno, y especialmente Patricia Bullrich, parecen desconectados de la gravedad de la situación. Su falta de sensibilidad, manifestada en recortes presupuestarios para la prevención y asistencia a víctimas de violencia de género (un -89%), es, en esencia, una complicidad con la perpetración de nuevas agresiones. Es ignorar el miedo invalidante que consume a las mujeres, una barrera infranqueable para buscar ayuda.

La intriga política y el peligro latente
Mientras la sociedad se enfrenta a esta crisis, la política argentina se sumerge en una vorágine de internas y estrategias. La disputa entre Milei y sus aliados –Karina Milei contra Santiago Caputo– se intensifica, buscando definir la figura de la “mayúscula” en el futuro del país. Pero, más inquietante, emerge la solicitud del Dr. Carlos Mahiques de castigar a periodistas y fuentes que ejercen el ‘acoso mediático’, bajo la excusa de proteger la libertad de prensa. Un intento de sofocar la información y, paradójicamente, ocultar la verdad.
Esta solicitud expone una franja significativa de la sociedad argentina, aferrada a una visión retrograda y peligrosa. Podría allanar el camino para políticas restrictivas que limiten la libertad de expresión y, por ende, la capacidad de denunciar las violencias. La reciente actividad del círculo rojo, con reuniones en Córdoba, Corrientes y Santa Fe, sugiere una estrategia para consolidar el poder sin la presencia directa del Presidente.
Corsalini, líder del espacio justicialista “Vamos” en Santa Fe, reafirma la necesidad de la cercanía con los municipios para abordar los problemas provinciales y nacionales, buscando recuperar la protagonismo del peronismo. Pero, a la par, Myriam Bregman se abre a posibles alianzas con sectores centroderecha, buscando ampliar su capital político en la Diputados para derogar el DNU 70/23.
En Córdoba, el gobernador Llaryora se enfrenta a serias dudas sobre su reelección, con Luis Juez como principal competidor, respaldado por Milei y Macri. La opinión pública, cada vez más influyente, podría redefinir el panorama político local. Un país donde la verdad, a menudo, es un lujo que se paga con sangre.
La cronista observa con inquietud: el futuro político argentino se dibuja en un escenario turbio, donde la desinformación y la manipulación son armas poderosas. La violencia contra las mujeres no es un problema aislado, es un síntoma de una sociedad que se niega a reconocer su propia sombra.
