Olazábal, a punto de decir adiós a augusta: un último baile con la leyenda

José María Olazábal, con sesenta años y el peso de dos Masters en sus espaldas, regresa este jueves a Augusta para disputar, probablemente, sus últimas ediciones del Abierto de Estados Unidos. Un privilegio, lo reconoce, pero también una conciencia amarga: el tiempo se acaba en el lugar que le vio alcanzar la gloria.

El veterano, un anacronismo en el augusta national

El veterano, un anacronismo en el augusta national

Con 37 participaciones consecutivas, Olazábal es un anacronismo en el Augusta National, un recordatorio tangible de una época dorada del golf. Sus resultados han menguado, es cierto, pero su presencia es invariable, un acto de rebeldía contra el inexorable paso del tiempo. La 90ª edición del torneo se presenta como un último baile, una oportunidad para saborear un legado inigualable.

Junto a nombres como Jon Rahm y Sergio García, Olazábal representa la española en el Masters, un equipo que, aunque no cuenta con la misma fuerza explosiva de antaño, aún conserva la chispa de la competitividad. Su longevidad, superada solo por Fred Couples y Vijay Singh, lo convierte en una figura única, un puente entre generaciones.

“Estoy encantado de volver”, declara Olazábal, con la voz cargada de emoción. “Este lugar me ha dado mucho, me ha regalado momentos inolvidables. Cada vez que vengo, siento que resucita una parte de mí. Sé que queda menos, pero voy a intentar disfrutarlo al máximo, sentir la magia de Augusta”.

A pesar de las limitaciones físicas, Olazábal no se rinde. Su objetivo, según sus propias palabras, es conseguir un par de buenos resultados en los dos primeros días y, sobre todo, disfrutar de la experiencia. Consciente de que una tercera victoria en Augusta es una utopía, confía en repetir la hazaña de pasar el corte, como hizo en 2024 y 2021, aunque reconoce que el recorrido, estirado por los años, presenta nuevos desafíos.

“El juego corto está funcionando bien, eso es lo que me ha permitido mantener un nivel competitivo”, comenta Olazábal, evocando su último torneo en California. “Pero los hierros necesitan trabajo. Es un handicap importante, pero no me desanima”.

Olazábal, acompañado de sus compañeros de mantel en la tradicional cena de campeones, se despide del Augusta National con la certeza de haber dejado una huella imborrable en la historia del golf. Un último baile, un último adiós a un lugar que siempre tendrá un hueco en su corazón.