Onu: la salud de las mujeres, una mentira que cuesta vidas
La Organización de las Naciones Unidas ha lanzado un informe contundente: las mujeres viven más años, sí, pero una calidad de vida miserable. Un diagnóstico brutal que expone la persistente desigualdad en el sistema sanitario y la falta de atención a las necesidades específicas de la mitad de la población.
Un sesgo histórico que se traduce en sufrimiento
Hasta 1993, las mujeres quedaron prácticamente excluidas de los ensayos clínicos, una omisión flagrante que ha permitido que numerosos tratamientos se desarrollaran basándose en la biología masculina. Esto no es una coincidencia; es el resultado de un sesgo arraigado, una verdad incómoda que perpetúa diagnósticos erróneos, prejuicios médicos y, en última instancia, una atención sanitaria deficiente.
Según datos de la ONU, las mujeres siguen siendo menos propensas a ser tomadas en serio, a recibir un diagnóstico preciso o un tratamiento adecuado. Un ciclo vicioso que se traduce en un sufrimiento innecesario, en años perdidos en una salud precaria y, en definitiva, en una reducción de su esperanza de vida real.

Avances maquillados, desigualdades persistentes
Si bien es innegable que entre 2000 y 2023 se ha producido una disminución del 40% en la mortalidad materna – pasando de 328 a 197 muertes por cada 100.000 nacidos vivos – y se han logrado avances en la tasa de fecundidad adolescente y en el acceso a métodos modernos de planificación familiar, la situación sigue siendo alarmante. La ONU Mujeres revela que, en 2021, las mujeres pasaron un promedio de 10,9 años con mala salud, superando a los ocho años de los hombres. Una cifra que refleja, con precisión, la carga de enfermedades crónicas – trastornos musculoesqueléticos, enfermedades ginecológicas, migrañas, depresión – que afectan desproporcionadamente a la mujer.

Herramientas obsoletas y diagnósticos tardíos
El informe denuncia además la persistencia de prácticas obsoletas en la atención sanitaria, como el espéculo, un instrumento de examen pélvico que, según la ONU, ha permanecido prácticamente sin cambios desde el siglo XIX. La endometriosis, que afecta a una de cada 10 mujeres y niñas a nivel mundial, a menudo se diagnostica entre los cuatro y los doce años, retrasando la intervención y empeorando el pronóstico. Y no solo eso: las enfermedades cardíacas, la principal causa de muerte entre las mujeres, se diagnostican con frecuencia basándose en patrones de síntomas masculinos, ignorando las particularidades de su fisiología.
Un llamado a la acción urgente
La ONU no se limita a señalar el problema; exige soluciones. Un cambio radical en la investigación médica, una integración plena del sexo y el género en los estudios, una inversión adecuada en la investigación de afecciones que afectan principalmente a las mujeres y la adopción de sistemas de salud que reflejen la realidad de sus necesidades. La desigualdad no es inevitable; es una elección, y la ONU ha elegido denunciarla con la fuerza de la evidencia.
El precio de la negligencia
La cifra que resume esta realidad es escalofriante: 5,6 millones de nacimientos adolescentes en 2024, un aumento significativo desde los 4,7 millones de 2000, especialmente en los países menos desarrollados. Este dato, junto con la prolongación de los años de mala salud – 10,9 en comparación con los 8 de los hombres – es una clara llamada de atención: la salud de las mujeres no es una estadística, es una crisis que exige una respuesta inmediata. Un país no puede permitirse ignorar la mitad de su población.”n
