Orsi refrenda libertad de prensa: ¿un gesto genuino o estrategia política?

Montevideo – En un contexto global marcado por la polarización y la desinformación, el presidente uruguayo, Yamandú Orsi, ha reafirmado su compromiso con la libertad de expresión y de prensa, suscribiendo las Declaraciones de Chapultepec y Salta II. Pero, ¿es este gesto una demostración auténtica de los valores uruguayos o una jugada calculada para congraciarse con la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP)?

Antecedentes que marcan el rumbo

La adhesión de Uruguay a estas declaraciones, que datan de 1994 (Chapultepec) y 2024 (Salta II), lo convierte en el primer país del Cono Sur en adoptar la versión actualizada. Un hecho que, según Carlos Jornet, primer vicepresidente de la SIP, “confirma” el legado de Luis Alberto Lacalle Herrera, quien sentó las bases de este compromiso en la década de los 90. Uruguay y Argentina fueron pioneros en adoptar la Declaración de Chapultepec, un hito que ahora Orsi busca emular.

Jornet no escatimó en elogios, calificando el acto como una muestra del “clima de convivencia” que caracteriza a Uruguay, a pesar de las diferencias ideológicas. Sin embargo, la realidad es más compleja. La reciente presentación del informe de la SIP reveló preocupaciones sobre “acciones aisladas de jueces y fiscales que afectan el libre ejercicio de la actividad periodística”, un detalle que mina la imagen de un país con libertades irrestricta.

El Índice Chapultepec, que evalúa las libertades de expresión y prensa en 23 países, ubica a Uruguay en la categoría de “baja restricción”, pero advierte sobre “algunas señales de deterioro” vinculadas a discursos del poder político y limitaciones en el acceso a la información. La cifra habla por sí sola: un ascenso en el ranking, sí, pero una advertencia clara sobre posibles retrocesos.

Orsi: entre la defensa y los desafíos

Orsi: entre la defensa y los desafíos

El presidente Orsi se comprometió a proteger a los periodistas frente a las amenazas del crimen organizado y a toda forma de violencia, ofreciendo un canal abierto con la SIP para abordar cualquier inquietud. Pero su discurso también reveló una preocupación por las nuevas formas de censura digital, el acoso a través de algoritmos y las campañas de desprestigio en línea. Reconocer estos desafíos es un primer paso, pero la implementación de medidas concretas es lo que realmente pondrá a prueba su compromiso.

La promesa de Orsi de mantener a Uruguay “lejos de la ola global que recurre a agravios, a descalificaciones personales, a la diseminación de desinformación” suena a buen augurio. Pero en un entorno político cada vez más polarizado, la tarea no será fácil. La adhesión a las Declaraciones de Chapultepec y Salta II es un gesto, sí, pero la verdadera prueba de su valía radica en la capacidad del gobierno para garantizar un clima de libertad y pluralidad en el que el periodismo pueda ejercer su labor sin restricciones ni presiones.

La pregunta que queda en el aire, y que los periodistas uruguayos observan con lupa, es si este respaldo a la libertad de prensa se traducirá en acciones concretas para proteger a sus colegas y garantizar un acceso irrestricto a la información, o si se quedará en una declaración de intenciones.