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Cgt alza la voz: marcha a la plaza de mayo y choque con el gobierno

En medio de una batalla judicial contra la reforma laboral, la CGT planea una movilización masiva a la Plaza de Mayo el 30 de este mes, Día del Trabajador, para confrontar directamente al Gobierno y reivindicar el pensamiento social del Papa Francisco. La medida, confirmada por fuentes internas, busca intensificar la presión sobre el Ejecutivo mientras se evalúa el primer fallo judicial que suspendió una parte importante de la Ley 27.802.

La iglesia en la mira de la central obrera

La iglesia en la mira de la central obrera

La elección de la Plaza de Mayo no es casual: la cúpula cegetista busca conectar la protesta con la historia argentina y, crucialmente, con la Catedral de Buenos Aires, escenario previsto para un acto que exaltará las ideas de Jorge Bergoglio. Se están gestinando contactos con representantes de la Iglesia para que se sumen a la convocatoria, lo que podría dotar a la marcha de un peso simbólico considerable.

Pero la movilización es solo una pieza del plan. El triunvirato de la CGT, liderado por Sola, Jerónimo y Argüello, también ha convocado a su Consejo Directivo para analizar la grave situación económica y social del país, marcada por el aumento de despidos y el agobiante endeudamiento de las obras sociales. La crisis sanitaria, exacerbada por la deuda estatal, se agrava mientras la CGT busca alternativas más allá de la vía judicial.

Un frente dividido Lo que nadie cuenta es la fractura interna. La pasividad de la CGT ante el cierre de empresas, como el reciente caso de FATE, ha provocado la creación del Frente de Sindicatos Unidos (FRESU), un espacio ultraopositor que aglutina a gremios como la UOM, los Aceiteros y ATE. El FRESU planea un plenario de delegados el 1° de mayo para elaborar su propio programa de lucha, desafiando la estrategia más dialoguista de la CGT.

La dirigencia del FRESU ha anunciado incluso la elaboración de sus propios índices socioeconómicos, en una clara demostración de su intención de marcar su propio rumbo y distanciarse de la central obrera tradicional. La tensión es palpable, y el futuro del movimiento obrero argentino se presenta incierto.

La cifra habla por sí sola: la deuda del Estado con las obras sociales se ha disparado, poniendo en jaque la salud de miles de trabajadores. Ante este panorama, la CGT se debate entre la necesidad de dialogar con el Gobierno y la urgencia de movilizar a las bases para evitar el colapso social. La plaza de Mayo será el escenario de esta encrucijada.