Salario mínimo en colombia: ¿resiliencia o falsa calma?

En un giro inesperado, el aumento histórico del 23,7% en el salario mínimo decretado por el Gobierno Petro parece no haber desestabilizado el mercado laboral colombiano. Al menos, eso es lo que sugiere el reciente informe de JP Morgan, que contrasta con las predicciones pesimistas de algunos analistas.

Un desempleo en mínimos históricos, pero…

La tasa de desempleo se desplomó hasta el 9,2% en febrero de 2026, el valor más bajo para ese mes en la serie histórica. En las principales ciudades, el indicador se mantuvo en un saludable 8,5%, cerca del mínimo registrado meses atrás. La creación de empleo, aunque se moderó, sigue siendo positiva, con un aumento del 1% después de una ligera contracción en enero. 2,4 millones de trabajadores colombianos siguen ganando el salario mínimo, una cifra que subraya la vulnerabilidad de una parte importante de la fuerza laboral.

Pero hay un detalle crucial que JP Morgan no menciona explícitamente: la tasa de participación laboral, esa métrica que mide el porcentaje de la población en edad de trabajar que está empleada o buscando empleo, se mantiene persistentemente por debajo de los niveles pre-pandemia. Esto sugiere que, si bien el desempleo ha disminuido, muchos colombianos siguen fuera del mercado laboral, lo que limita el potencial de crecimiento real de la economía.

La informalidad: una sombra persistente

La informalidad: una sombra persistente

La informalidad laboral, un problema crónico en Colombia, se ha mantenido relativamente estable, rondando el 55% desde junio de 2025. Si bien la tasa urbana ha subido ligeramente, aún se encuentra cerca de su mínimo histórico. La estabilidad de este indicador, lejos de ser una señal de fortaleza, podría indicar una precaria situación para millones de trabajadores que carecen de protecciones sociales y laborales.

El consumo impulsado por los salarios: ¿sostenible?

El consumo impulsado por los salarios: ¿sostenible?

El aumento del salario mínimo ha inyectado oxígeno al consumo, con un crecimiento nominal de los salarios del 11% anual en enero y un incremento real del 5,5% en el mismo período. Sin embargo, la sostenibilidad de este impulso depende de la evolución de la inflación y de la capacidad de las empresas para mantener la creación de empleo. Si la inflación se acelera, el poder adquisitivo de los salarios reales podría verse erosionado, frenando el consumo y poniendo en riesgo la recuperación económica.

Sectores como la manufactura, la construcción, el entretenimiento y las comunicaciones han liderado la generación de empleo, impulsados, en gran medida, por la demanda interna. Pero la verdadera prueba de fuego para la resiliencia del mercado laboral colombiano será la capacidad de estos sectores para mantener su dinamismo a largo plazo, sin depender excesivamente de un estímulo artificial como el aumento del salario mínimo.

El ministro del Trabajo, Antonio Sanguino, ha celebrado el impacto positivo del salario vital en la generación de empleo. Pero la realidad es más compleja: el mercado laboral colombiano ha demostrado una notable capacidad de adaptación, pero enfrenta desafíos estructurales que amenazan su sostenibilidad. La clave para consolidar la recuperación radicará en políticas que fomenten la formalización del empleo, la inversión en capital humano y la diversificación de la economía. De lo contrario, la resiliencia actual podría ser solo una calma tensa antes de la tormenta.