Semana santa negra en el pirineo: doce rescates de aventureros
El puente de Semana Santa, lejos de la relajación, se ha convertido en un intenso despliegue de rescates en el Pirineo aragonés. Especialistas de la Guardia Civil han intervenido en doce situaciones de emergencia que involucran a senderistas, escaladores y ciclistas de montaña, poniendo de manifiesto los riesgos inherentes a la práctica de deportes de aventura en entornos de alta montaña.

Un fin de semana de desafíos y consecuencias
La jornada del jueves abrió el telón con un ciclista de montaña de 48 años, vecino de Huesca, que sufrió un golpe y quedó aturdido en el camino de Once Cruces, en Agüero. Un incidente, aparentemente menor, que presagiaba un fin de semana complicado. Pero hay un detalle que preocupa: la imprudencia, en muchos casos, es el denominador común.
El viernes, la situación se agravó con el rescate de un senderista de 77 años de San Sebastián, que sufrió una caída en el Ibón de Piedrafita, en Biescas. La edad, un factor agravante en este tipo de accidentes, subraya la necesidad de una planificación cuidadosa y el conocimiento del terreno. A este rescate se sumó la evacuación de un hombre de 40 años y una mujer de 35, respectivamente de Madrid y Lérida, ambos con lesiones en Peñalta Montañesa, en Pueyo de Aragüés. La suma de estos incidentes ya apuntaba a una tendencia preocupante.
El sábado se intensificó la actividad de los equipos de rescate. Un escalador de 42 años de Álava sufrió una doble fractura de tibia en el Pico Águila, mientras que un senderista de Zaragoza de 60 años se esguinzó el tobillo en las Peñas de Riglos. La escaladora holandesa de 35 años, fracturándose el tobillo en un ascenso a las Peñas de Riglos a través de la vía Mosquito, añadió otra capa de complejidad a la tarea de los rescatistas.
La lista continúa: un montañero madrileño de 25 años quedó enriscado en el Collado Lecherín, un senderista valenciano de 56 años sufrió agotamiento, y un joven de 19 años de Valencia se cayó en los Ibones de Plan de Están. La Guardia Civil tuvo que intervenir también en el rescate de un esquiador de la Jacetania que se luxó el hombro al esquiar fuera de pistas en Candanchú.
Lo que nadie cuenta es la preparación, la información y, sobre todo, el respeto por la montaña. Estos rescates, que han requerido el despliegue de recursos humanos y materiales, son un recordatorio amargo de las consecuencias de la imprudencia y la falta de precaución.
La cifra habla por sí sola: doce personas, de edades y nacionalidades diversas, necesitaron la ayuda de los servicios de emergencia durante un fin de semana que, para muchos, se convirtió en una pesadilla. Quizás, este suceso sirva como un duro aviso: la montaña no perdona.