Senado protege el toro bravo: vox y el pp desatan una batalla por su legado
El Senado ha sellado una moción de Vox, respaldada por el PP, que busca devolver a la cría del toro de lidia el protagonismo que la ley de bienestar animal le había arrebatado. Una decisión que, ya sabemos, no es precisamente una declaración de amor a los animales, sino una defensa visceral de un modelo de ocio y tradición con raíces profundamente arraigadas en la España rural.

Un torneo de intereses políticos
La iniciativa, aprobada con 18 votos a favor y 11 en contra, no solo busca proteger la cría, sino también impulsar un turismo ligado al toro bravo y, lo más controvertido, derogar la legislación de protección animal. El argumento, por supuesto, es la ‘conservación de la biodiversidad genética’ –una excusa que, como tantas otras, sirve para justificar una defensa del statu quo ante cualquier intento de modernización o, Dios nos libre, de compasión.
La propuesta incluye una serie de medidas que van desde la creación de unidades didácticas en las escuelas hasta la promoción de visitas a ganaderías, todo ello con el objetivo de ‘conocer el hábitat y la crianza del toro bravo y su impacto en la conservación del medio ambiente’. Un ejercicio de propaganda disfrazado de educación, sin duda.
Pero no todo son discursos grandilocuentes. Vox reclama una regulación fiscal favorable para la venta del toro bravo como espectáculo, situándola en el tipo impositivo del 10% del IVA, y aboga por un Plan Internacional de Turismo del Toro Bravo. Y, por si fuera poco, exige que su carne se califique como ‘producto de valor singular’ dentro de la gastronomía española –una maniobra para exaltar un producto que, en la conciencia colectiva, ya se ha visto empañada por la brutalidad de sus ceremonias.
Además de estas medidas, la comisión del Senado aprobó otras cinco iniciativas. Una de ellas, impulsada por el PSOE, insta a la promoción de la presencia de mujeres directoras de orquesta y compositoras en la programación musical de los teatros públicos y festivales, un avance que, aunque necesario, parece un esfuerzo por ahuyentar la imagen de un Senado exclusivamente vinculado a la tradición taurina. También se aprobó un reconocimiento al legado del navegante Álvaro de Mendaña de Neira, y se instó al gobierno a defender la obra del poeta Miguel Hernández. Pero, sinceramente, ¿a quién le importa la navegación o la poesía cuando se debate el futuro de un espectro animal que, en su esencia, es violencia?
Lo que realmente preocupa es la estrategia subyacente: la voluntad de anular cualquier avance en materia de bienestar animal, disfrazada de defensa de la ‘cultura’ y la ‘tradición’. Un juego político descarado que, en última instancia, perpetúa una práctica cruel y deshumanizante. Y, como siempre, el debate se polariza, dejando al margen la voz de aquellos que, en silencio, sufren las consecuencias.
