Trump amenaza con 'aranceles' a reino unido por el impuesto digital

El presidente estadounidense, Donald Trump, ha lanzado una nueva y contundente amenaza contra el gobierno británico: la imposición de un arancel elevado, una barrera comercial, si éste persiste con su controvertido impuesto a los servicios digitales.

Un ataque económico directo

Un ataque económico directo

En un mensaje directo desde el Despacho Oval, Trump calificó la medida como un “ataque” a las grandes empresas estadounidenses, argumentando que Reino Unido se beneficia ilícitamente de su éxito gracias a esta tasa que grava los ingresos de gigantes tecnológicos como Google o Facebook. “Ahora lo estamos analizando y podemos contrarrestarlo fácilmente imponiendo un arancel elevado a Reino Unido. Así que más les vale tener cuidado. Si no eliminan el impuesto, probablemente impondremos un gran arancel a Reino Unido”, declaró con la firmeza que lo caracteriza.

La estrategia, según Trump, busca proteger el mercado estadounidense frente a lo que considera una práctica injusta, donde naciones como Reino Unido, España, Francia o Italia, también han implementado impuestos similares para gravar los ingresos de las plataformas online. La lógica, simplificada, es la siguiente: si estas empresas obtienen valor en el Reino Unido, deberían pagar impuestos allí, en lugar de aprovecharse de la legislación británica para evadir impuestos en sus países de origen.

Pero hay un detalle: el impuesto británico, conocido como el ‘Impuesto Digital’, no es una iniciativa aislada. Es parte de un esfuerzo más amplio de la Unión Europea para que las grandes tecnológicas contribuyan de manera más equitativa al sistema fiscal. Un intento, digamos, de nivelar el campo de juego, aunque Trump lo percibe como un acto de hostilidad.

El inquilino de la Casa Blanca calificó el impuesto como una forma de “ganar dinero fácil” para el Reino Unido, alegando que las empresas estadounidenses “no nos gustan que ataquen a empresas estadounidenses, porque básicamente están hablando de nuestras grandes empresas estadounidenses”. La retórica, como es habitual, es agresiva. Y la amenaza, palpable. Es una jugada política arriesgada, sin duda, pero que refleja la creciente tensión comercial entre ambos países. El presidente ya ha advertido que “si quieren implementar el impuesto a los servicios, (.) lo que haremos será corresponderles imponiendo algo igual o mejor que lo que ellos están haciendo. Y no les gustará”.

La respuesta de Downing Street aún no ha llegado, pero se espera que sea contundente. El juego, como suele ocurrir, ha comenzado. Y la apuesta es alta. El futuro de la relación comercial entre Estados Unidos y Reino Unido, quizás, está en juego. Y eso, señores, es algo que merece la pena seguir de cerca.