Tudela revive la bajada del ángel: un ritual de resurrección milenario

El Domingo de Resurrección en Tudela no es solo una fiesta, es una explosión de tradición y fervor que se remonta a la Edad Media. Miles de personas abarrotaron la Plaza de los Fueros para presenciar la Bajada del Ángel, un espectáculo único que anuncia la resurrección de Cristo y que, esta vez, ha tenido un sabor especialmente emotivo por la participación de Enma Madorrá, una niña de tan solo siete años.

Un anuncio celestial con raíces profundas

Un anuncio celestial con raíces profundas

La ceremonia, declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional, no es una mera representación folclórica. Es la culminación de una Semana Santa llena de rituales y procesiones, y el punto álgido de una tradición que, en su forma actual, se celebra desde 1663, aunque sus orígenes se pierden en el siglo XIII. La Casa del Reloj se transforma en las puertas del cielo, desde donde la pequeña Enma descendió suspendida de una maroma, un ángel efímero que desafía la gravedad para entregar un mensaje ancestral.

Pero lo que quizás no se conoce es la evolución de este ritual. Si bien tradicionalmente el papel del ángel ha estado reservado a niños, en 2008 se rompió con la elección de una niña, abriendo así la puerta a la participación de ambos géneros. Un pequeño cambio que, sin embargo, refleja una sociedad en constante transformación.

El momento cumbre: el anuncio de la Resurrección. El silencio se hizo palpable en la plaza cuando Enma, con una serenidad sorprendente para su edad, pronunció la frase: “Alégrate, María, porque tu hijo ha resucitado”. El acto de retirar el velo negro que cubría el rostro de la Virgen, liberándola de la oscuridad del luto, simbolizó la victoria de la vida sobre la muerte, un mensaje universal que trasciende las creencias religiosas.

Antes y después del descenso, el desfile de alabarderos y la posterior procesión hasta la catedral aportaron un colorido y una solemnidad adicionales a la jornada. Y, como manda la tradición, Enma Madorrá celebrará su primera comunión en la catedral, cerrando así un ciclo de fe y tradición que se perpetúa de generación en generación. La cifra habla por sí sola: miles de personas, año tras año, acuden a Tudela para presenciar este espectáculo, un testimonio vivo de la fuerza de la identidad y la cultura navarras.