Turquía urge a la calma en oriente medio: un alto el fuego de dos semanas, pero con salvedades

El Gobierno de Turquía ha recibido con relativa benevolencia el anuncio de un alto el fuego temporal entre Estados Unidos e Irán, instando a su 'aplicación total' y a una escalada en el diálogo. Pero la euforia es superficial, como suele ocurrir en estos asuntos. La diplomacia, como saben, es un juego de ajedrez para mentes calculadoras.

Un acuerdo frágil, como un castillo de arena ante la marea

Un acuerdo frágil, como un castillo de arena ante la marea

Desde el Ministerio de Exteriores, han emitido un comunicado en redes sociales, subrayando la necesidad de que las partes involucradas respeten el acuerdo alcanzado en Islamabad. Una declaración, por decir lo menos, diluida. El ‘diálogo, la diplomacia y la confianza mutua’ son mantras vacíos si no se acompañan de acciones concretas. Y, francamente, ¿hay motivos para confiar?

El alto el fuego, anunciado por el presidente Trump, con una suspensión de ‘ataques’ durante dos semanas, ha sido recibido con cautela por Teherán, que ha dado luz verde al paso 'seguro' por el estrecho de Ormuz, siempre y cuando se coordine con el Ejército iraní. Un detalle importante, que revela la fragilidad del pacto. No es un gesto de generosidad, es una concesión táctica, nada más.

Shehbaz Sharif, el primer ministro de Pakistán, ha ampliado el alcance del acuerdo, extendiéndolo a sus aliados y a lugares como Líbano. Pero el realismo, como siempre, se impone. El gobierno israelí, liderado por Benjamin Netanyahu, se mantiene firme, descartando cualquier inclusión de las operaciones militares israelíes en territorio libanés. Una discrepancia flagrante, un síntoma de la desconfianza generalizada.

La iniciativa de Pakistán, mediadora en el proceso, es, sin duda, un esfuerzo digno de aplauso. Pero la paz, señores, no se construye con buenas intenciones. Se forja en el acero de las negociaciones y en la voluntad de ceder. Y hasta que no se vea un compromiso real, este alto el fuego seguirá siendo una mera pausa en la guerra, un respiro antes de la siguiente explosión.

La situación en Oriente Medio es un volcán dormido, listo para entrar en erupción. Y aunque este alto el fuego de dos semanas pueda ofrecer un respiro temporal, la raíz del problema –la rivalidad geopolítica entre Estados Unidos, Irán y sus aliados– permanece intacta. La ‘aplicación total’, como exige Ankara, es una quimera. Lo que sí es real es la necesidad de una estrategia a largo plazo, basada en el respeto mutuo y la búsqueda de intereses comunes. Pero, ¿quién cree que eso es posible en este tablero de ajedrez?