Violencia en el cauca desborda la campaña electoral: un juego peligroso para las elecciones
Una oleada de violencia, iniciada en el suroeste de Colombia con un devastador atentado con bomba en Cajibío, se ha extendido a la campaña presidencial, encendiendo una voraz disputa política que amenaza con desviar el foco de las elecciones del 31 de mayo.
El horror de el túnel: 19 civiles muertos y la polarización en aumento
El ataque del sábado, atribuido a disidencias de las antiguas FARC, ha desatado una reacción en cadena de acusaciones entre los principales candidatos. El Pacto Histórico, liderado por Iván Cepeda, condena con vehemencia la barbarie, pero al mismo tiempo, no cede ante la tentación de instrumentalizar el temor, señalando una “inquietud legítima” sobre posibles intentos de manipular el clima electoral.
Por el contrario, Paloma Valencia, de Centro Democrático, rechaza la lectura de Cepeda, calificando la “paz total” del gobierno de Petro como un fracaso y acusándolo de desviar la atención pública de un problema estructural. La retórica se intensifica con la intervención del ultraderechista Abelardo de la Espriella, quien aboga por una “guerra frontal” sin tregua contra los grupos armados, exacerbando aún más la tensión.

El conflicto sin solución: un legado de negociaciones fallidas
La política de “paz total” de Gustavo Petro, marcada por diálisis con el ELN y negociaciones con disidencias de las FARC, ha quedado en evidencia como un proyecto plagado de fallos. El atentado en Cajibío, perpetrado por el Estado Mayor Central (EMC) liderado por Iván Mordisco, es una clara demostración de la persistencia de la violencia en el sur del país.
Sergio Fajardo, de Dignidad y Compromiso, lamenta la pérdida de vidas y critica la debilidad del Estado, exigiendo una revisión urgente de la política de seguridad. Incluso el expresidente Iván Duque, quien gobernó durante el período de mayor inestabilidad, ha reprochado la “política de apaciguamiento” de Petro, acusándola de debilitar la capacidad ofensiva del Estado. La Aeronáutica Civil también fue blanco de un ataque, lo que confirma la magnitud y el alcance del conflicto.
La situación es tan grave que, a pesar de las acciones de las fuerzas armadas, la violencia continúa, con atentados contra unidades militares en Cali y Palmira, y un ataque a un radar en El Tambo. La responsabilidad recae, según las autoridades, en los distintos grupos que componen el EMC.
Un cierre contundente: la paz real, un objetivo inalcanzable
La reciente ola de ataques no solo pone en riesgo las elecciones presidenciales, sino que también revela la profunda fractura política y social de Colombia. La violencia, lejos de ser un incidente aislado, se ha convertido en una estrategia, una herramienta de desestabilización que amenaza con sumir al país en un ciclo interminable de conflicto. La
